Sí, las galletas también son bollería industrial y por esto deberías evitarlas

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Las galletas y la bollería parecen ser muy diferentes pero en realidad no lo son, y la polémica ha quedado abierta desde que Javier Bravo, hijo de un paciente con cáncer hospitalizado recientemente ha iniciado una recogida de firmas en Change.org para que las galletas no sean parte del menú de los hospitales, porque sí, las galletas también son bollería industrial y por esto deberías evitarlas.

Los nutrientes de las galletas

La mayor parte de las galletas comerciales, aun las opciones consideradas muchas veces “saludables” o las versiones “ricas en fibra”, pueden tener nutrientes de mala calidad para el organismo y esta rodeadas de azúcar, sodio o grasas trans en su composición.

Y es que las galletas industriales pertenecen a la familia de los ultraprocesados, siendo por ello alimentos altamente apetecibles y lucrativos que en su interior esconden altas proporciones de azúcares añadidos, aditivos, sal y grasas de mala calidad tales como aceites hidrogenados o grasas trans o bien, grasa de palma.

Así, desde las tradicionales galletas María que concentran cerca de 25 gramos de azúcar por cada 100 gramos, hasta otras opciones como las galletas Chiquilín o las Tosta Rica tienen cantidades de azúcares que superan el 20% y proporciones de grasas en cantidades mayores a los 15 gramos por cada 100 gramos de galleta.

Si evaluamos las galletas infantiles como las Dinosaurus, nos daremos cuenta que el panorama no cambia mucho y al igual que muchos otros alimentos infantiles, concentran altas proporciones de azúcar (21%) y grasas (19%), muchas de ellas de mala calidad.

Pexels Photo 266706

En otras galletas como las Principe, la cantidad de azúcar asciende al 32% y en sus nutrientes podemos ver que además, contienen grasa de palma y harinas refinadas, entre muchos otros aditivos:

Harina de trigo 46%, azúcar, grasa de palma, cacao desgrasado en polvo 4,7%, jarabe de glucosa, almidón de trigo, leche desnatada en polvo, gasificantes (carbonato ácido de amonio, carbonato ácido de sodio, difosfato disódico), lactosa y proteínas de leche, sal, lecheentera en polvo, aceite de nabina, emulgentes (lecitina de soja, lecitina de girasol), aroma.

Incluso las galletas Digestive pueden superar el 20% de azúcares añadidos y ser ricas en sodio así como en grasas de mala calidad, por lo tanto, ya vemos que las galletas comerciales más populares tienen un perfil nutricional que deja mucho que desear.

Galletas vs. bollería industrial

Habiendo visto la escasa calidad nutricional que poseen las galletas comerciales más populares, podríamos esperar algo peor en el caso de la bollería industrial. Sin embargo, bollos comerciales como los Weikis de La Bella Easo aportan por cada 100 gramos alrededor de un 15% de grasas y 16% de azúcares, cantidades incluso inferiores al de muchas galletas.

Otras opciones como los Bollycao o los Donuts pueden tener entre 14 y 30% de grasa, siendo superior si se trata de productos con relleno, y entre 14 y 20% de azúcar, por lo que claramente vemos que la diferencia entre bollería industrial y galletas no es mucha, sino que sólo cambia el aspecto y el marketing que se les da a las mismas.

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Pero no debemos olvidar que la combinación de grasas y azúcar no es el único componente adictivo de galletas y bollos, sino que en las primeras encontramos una textura crujiente que nos resulta especialmente agradable al paladar y por ello, también nos incentiva a comer más, mientras que en los segundos es muy frecuente encontrar chocolates con teobromina, una de las muchas sustancias adictivas presentes en los alimentos.

Entonces, podemos concluir que no es muy diferente una galleta de un bollo comercial y que ambos son alimentos altamente procesados, cargados de grasas de mala calidad, azúcares añadidos y harinas refinadas y tienen componentes adictivos para nuestro organismo, por ello, hablar de galletas no nos debería parecer mejor opción que un bollo.

¿Y las galletas “saludables”?

Dentro de las galletas que encontramos en el mercado, muchas de ellas se promocionan como “saludables” o llevan leyendas que nos hacen pensar eso tales como “ricas en fibra” .

Entre estas encontramos las galletas de Gullón dentro de las cuales hay versiones “sin azúcares añadidos” que, efectivamente utilizan endulzantes artificiales para endulzar tales como maltitol y por lo tanto, no alcanzan el 0,5% de azúcares.

Mientras que otras opciones tales como las Diet Fibra Chocolate de Gullón son efectivamente ricas en fibra (13%), pero son muy concentradas en azúcares, superando el 20% y ello se puede ver en sus ingredientes:

Harina de trigo 43,5%, azúcar, fibra vegetal, chips de chocolate negro 12,5% (azúcar, pasta de cacao, manteca de cacao, emulgente (lecitina de soja), aromas), aceite vegetal 8% (girasol alto oleico), cacao en polvo 2,5%, salvado de trigo, fibra de algarroba, fibra de avena, fibra de maíz, gasificantes (carbonato ácido de sodio, carbonato ácido de amonio), sal, emulgente E472e, aroma de chocolate 0,1%. Puede contener trazas de leche.

Sweet Snack Crumbs Digestive

Es claro que las galletas sin azúcares añadidos o 0% azúcar son efectivamente más sanas que otras opciones comerciales como las nombradas antes, pero igualmente siempre debemos corroborar esta leyenda observando sus ingredientes además de la información nutricional de las mismas, pues aunque son sin azúcar, pueden tener una elevada proporción de grasas en su composición.

Y si aun no tuviera grasas de mala calidad ni azúcares añadidos, es importante recordar que todas las galletas comerciales están colmadas de aditivos industriales de los cuales podemos prescindir si elaboramos nuestras propias galletas en casa.

¿Qué pasa con las galletas y la bollería casera?

Como hemos dicho, en las galletas y bollos que elaboramos con nuestras propias manos no empleamos la gran diversidad de aditivos que sí emplean las opciones comerciales e industriales, sin embargo, si no escogemos adecuadamente los ingredientes, también podemos dar origen a productos poco sanos.

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Si para nuestros bollos y galletas empleamos margarina o mantequilla, así como azúcar de mesa u otro azúcar, y harinas refinadas, así como ingredientes industriales como pueden ser chispas de chocolate, entre otros, las galletas y bollería casera también pueden ser fuente de grasas trans, azúcares añadidos y muy pocos buenos nutrientes.

Por el contrario, si buscamos reemplazos al azúcar de mesa y empleamos buenas fuentes de grasas así como saborizantes naturales como pueden ser frutas y verduras, dátiles, hierbas y especias, podemos crear bollos y galletas sin azúcar y muy nutritivos tales como crackers de semillas, galletas sin harinas ni azúcar de coco, plátano y pipas, galletas de avena y manzana u otras sin azúcares añadidos.

Imagen | Pixabay, iStock y Pexels

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La noticia Sí, las galletas también son bollería industrial y por esto deberías evitarlas fue publicada originalmente en Vitónica por Gabriela Gottau .

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Las galletas y la bollería parecen ser muy diferentes pero en realidad no lo son, y la polémica ha quedado abierta desde que Javier Bravo, hijo de un paciente con cáncer hospitalizado recientemente ha iniciado una recogida de firmas en Change.org para que las galletas no sean parte del menú de los hospitales, porque sí, las galletas también son bollería industrial y por esto deberías evitarlas.

Los nutrientes de las galletas

La mayor parte de las galletas comerciales, aun las opciones consideradas muchas veces “saludables” o las versiones “ricas en fibra”, pueden tener nutrientes de mala calidad para el organismo y esta rodeadas de azúcar, sodio o grasas trans en su composición.

Y es que las galletas industriales pertenecen a la familia de los ultraprocesados, siendo por ello alimentos altamente apetecibles y lucrativos que en su interior esconden altas proporciones de azúcares añadidos, aditivos, sal y grasas de mala calidad tales como aceites hidrogenados o grasas trans o bien, grasa de palma.

Así, desde las tradicionales galletas María que concentran cerca de 25 gramos de azúcar por cada 100 gramos, hasta otras opciones como las galletas Chiquilín o las Tosta Rica tienen cantidades de azúcares que superan el 20% y proporciones de grasas en cantidades mayores a los 15 gramos por cada 100 gramos de galleta.

Si evaluamos las galletas infantiles como las Dinosaurus, nos daremos cuenta que el panorama no cambia mucho y al igual que muchos otros alimentos infantiles, concentran altas proporciones de azúcar (21%) y grasas (19%), muchas de ellas de mala calidad.

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En otras galletas como las Principe, la cantidad de azúcar asciende al 32% y en sus nutrientes podemos ver que además, contienen grasa de palma y harinas refinadas, entre muchos otros aditivos:

Harina de trigo 46%, azúcar, grasa de palma, cacao desgrasado en polvo 4,7%, jarabe de glucosa, almidón de trigo, leche desnatada en polvo, gasificantes (carbonato ácido de amonio, carbonato ácido de sodio, difosfato disódico), lactosa y proteínas de leche, sal, lecheentera en polvo, aceite de nabina, emulgentes (lecitina de soja, lecitina de girasol), aroma.

Incluso las galletas Digestive pueden superar el 20% de azúcares añadidos y ser ricas en sodio así como en grasas de mala calidad, por lo tanto, ya vemos que las galletas comerciales más populares tienen un perfil nutricional que deja mucho que desear.

Galletas vs. bollería industrial

Habiendo visto la escasa calidad nutricional que poseen las galletas comerciales más populares, podríamos esperar algo peor en el caso de la bollería industrial. Sin embargo, bollos comerciales como los Weikis de La Bella Easo aportan por cada 100 gramos alrededor de un 15% de grasas y 16% de azúcares, cantidades incluso inferiores al de muchas galletas.

Otras opciones como los Bollycao o los Donuts pueden tener entre 14 y 30% de grasa, siendo superior si se trata de productos con relleno, y entre 14 y 20% de azúcar, por lo que claramente vemos que la diferencia entre bollería industrial y galletas no es mucha, sino que sólo cambia el aspecto y el marketing que se les da a las mismas.

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Pero no debemos olvidar que la combinación de grasas y azúcar no es el único componente adictivo de galletas y bollos, sino que en las primeras encontramos una textura crujiente que nos resulta especialmente agradable al paladar y por ello, también nos incentiva a comer más, mientras que en los segundos es muy frecuente encontrar chocolates con teobromina, una de las muchas sustancias adictivas presentes en los alimentos.

Entonces, podemos concluir que no es muy diferente una galleta de un bollo comercial y que ambos son alimentos altamente procesados, cargados de grasas de mala calidad, azúcares añadidos y harinas refinadas y tienen componentes adictivos para nuestro organismo, por ello, hablar de galletas no nos debería parecer mejor opción que un bollo.

¿Y las galletas “saludables”?

Dentro de las galletas que encontramos en el mercado, muchas de ellas se promocionan como “saludables” o llevan leyendas que nos hacen pensar eso tales como “ricas en fibra” .

Entre estas encontramos las galletas de Gullón dentro de las cuales hay versiones “sin azúcares añadidos” que, efectivamente utilizan endulzantes artificiales para endulzar tales como maltitol y por lo tanto, no alcanzan el 0,5% de azúcares.

Mientras que otras opciones tales como las Diet Fibra Chocolate de Gullón son efectivamente ricas en fibra (13%), pero son muy concentradas en azúcares, superando el 20% y ello se puede ver en sus ingredientes:

Harina de trigo 43,5%, azúcar, fibra vegetal, chips de chocolate negro 12,5% (azúcar, pasta de cacao, manteca de cacao, emulgente (lecitina de soja), aromas), aceite vegetal 8% (girasol alto oleico), cacao en polvo 2,5%, salvado de trigo, fibra de algarroba, fibra de avena, fibra de maíz, gasificantes (carbonato ácido de sodio, carbonato ácido de amonio), sal, emulgente E472e, aroma de chocolate 0,1%. Puede contener trazas de leche.

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Es claro que las galletas sin azúcares añadidos o 0% azúcar son efectivamente más sanas que otras opciones comerciales como las nombradas antes, pero igualmente siempre debemos corroborar esta leyenda observando sus ingredientes además de la información nutricional de las mismas, pues aunque son sin azúcar, pueden tener una elevada proporción de grasas en su composición.

Y si aun no tuviera grasas de mala calidad ni azúcares añadidos, es importante recordar que todas las galletas comerciales están colmadas de aditivos industriales de los cuales podemos prescindir si elaboramos nuestras propias galletas en casa.

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Por el contrario, si buscamos reemplazos al azúcar de mesa y empleamos buenas fuentes de grasas así como saborizantes naturales como pueden ser frutas y verduras, dátiles, hierbas y especias, podemos crear bollos y galletas sin azúcar y muy nutritivos tales como crackers de semillas, galletas sin harinas ni azúcar de coco, plátano y pipas, galletas de avena y manzana u otras sin azúcares añadidos.

Imagen | Pixabay, iStock y Pexels

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