La vuelta al trabajo puede ser más dura por culpa del síndrome del edificio enfermo

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Volver a madrugar, pasar ocho horas (con suerte) en el trabajo, recuperar rutinas… Eso, y no otra cosa es lo que a la mayoría le hace el mes de septiembre un poco cuesta arriba. Aunque la idea de la depresión posvacacional es completamente inexacta (la depresión es una enfermedad clínica muy seria, y esto no lo es), no se puede negar que un poco de bajón sí que es.

Volver a los centros de trabajo puede ser aun más difícil si nuestra oficina padece el llamado síndrome del edificio enfermo, nombre con el que se denomina a un conjunto de síntomas que pueden padecer los que trabajan en su interior y que no siempre son fáciles de identificar.

Cientos de trabajadores se encuentran mal

Fue a finales de los años 70 cuando comenzó a darse nombre a este fenómeno. Cientos de trabajadores de países occidentales comenzaron a aquejar dolencias o molestias cuya intensidad parecía relacionada con la cantidad de tiempo que pasaban dentro de sus lugares de trabajo.

Los síntomas variaban: dolor de cabeza, mareos, náuseas, irritación de ojos y garganta, tos seca, piel seca y picores, problemas para concentrarse, cansancio, sensibilidad a olores, afonía, alergias, catarros y síntomas de gripe, mayor incidencia de ataques de asma… Ninguna enfermedad en concreto parecía estar causando esos síntomas, era más bien un malestar general.

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En 1983, fue la Organización Mundial de la Salud la que dio nombre al problema, creando el término de síndrome del edificio enfermo. Estimó también que entre el 10 y el 30% de los edificios de oficinas de nueva construcción tenían problemas de mala ventilación.

La ventilación, la luz, la temperatura…

Ese es uno de los factores que se considera responsable de estos síntomas, aunque no es el único. La contaminación por productos químicos como pinturas, productos de limpieza, tintas de impresora, así como la proveniente del exterior como resultado del tráfico intenso; la contaminación biológica proveniente de bacterias, microbios y sobre todo hongos que pueden proliferar en los lugares peor ventilados; niveles de ruido intensos y una mala acústica; una luz insuficiente o inadecuada así como la falta de luz natural, una temperatura superior o inferior a la adecuada, sillas poco ergonómicas y posturas que se prolongan durante demasiadas horas seguidas…

Se trata de un problema difícil de concretar, ya que tanto las causas como los síntomas son poco específicos. Por eso, en algunos países como Reino Unido, las autoridades sanitarias piden a los trabajadores que crean sufrirlo que consulten con sus compañeros de oficina para comprobar si también ellos lo padecen.

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Qué deben hacer las empresas

En caso de que sea así, recomiendan a las empresas tomar las siguientes medidas para investigar y atajar un posible caso de síndrome del edificio enfermo.

  1. Hacer una encuesta entre los empleados para averiguar qué síntomas son los que se están dando más de lo normal, lo cual puede ayudar a identificar y solucionar la causa (mejorar la iluminación, ajustar mejor la temperatura…).

  2. Hacer una revisión general de la limpieza del edificio, haciendo especial hincapié en los aparatos que se utilizan. Una aspiradora que no funciona correctamente puede ser clave en el problema.

  3. Asegurarse de que los materiales de limpieza se utilizan y almacenan correctamente.

  4. Hacer una comprobación de los sistemas de calefacción, aire acondicionado y ventilación.

  5. Inspeccionar especialmente los filtros de aire, humidificadores y torres de refrigeración. Según las recomendaciones del ministerio de sanidad británico, en el interior de las oficinas debería mantenerse un porcentaje de humedad de entre el 40 y el 70%.

  6. Repasar y actualizar si hace falta los programas de mantenimiento de la oficina, y asegurarse de que se cumplen correctamente.

En definitiva, y ya que la vuelta al trabajo y la oficina es para muchos inevitable, que se produzca en la mejor situación para no afectar a nuestro bienestar.

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La noticia La vuelta al trabajo puede ser más dura por culpa del síndrome del edificio enfermo fue publicada originalmente en Vitónica por Rocío Pérez .

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Volver a madrugar, pasar ocho horas (con suerte) en el trabajo, recuperar rutinas… Eso, y no otra cosa es lo que a la mayoría le hace el mes de septiembre un poco cuesta arriba. Aunque la idea de la depresión posvacacional es completamente inexacta (la depresión es una enfermedad clínica muy seria, y esto no lo es), no se puede negar que un poco de bajón sí que es.

Volver a los centros de trabajo puede ser aun más difícil si nuestra oficina padece el llamado síndrome del edificio enfermo, nombre con el que se denomina a un conjunto de síntomas que pueden padecer los que trabajan en su interior y que no siempre son fáciles de identificar.

Cientos de trabajadores se encuentran mal

Fue a finales de los años 70 cuando comenzó a darse nombre a este fenómeno. Cientos de trabajadores de países occidentales comenzaron a aquejar dolencias o molestias cuya intensidad parecía relacionada con la cantidad de tiempo que pasaban dentro de sus lugares de trabajo.

Los síntomas variaban: dolor de cabeza, mareos, náuseas, irritación de ojos y garganta, tos seca, piel seca y picores, problemas para concentrarse, cansancio, sensibilidad a olores, afonía, alergias, catarros y síntomas de gripe, mayor incidencia de ataques de asma… Ninguna enfermedad en concreto parecía estar causando esos síntomas, era más bien un malestar general.

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En 1983, fue la Organización Mundial de la Salud la que dio nombre al problema, creando el término de síndrome del edificio enfermo. Estimó también que entre el 10 y el 30% de los edificios de oficinas de nueva construcción tenían problemas de mala ventilación.

La ventilación, la luz, la temperatura…

Ese es uno de los factores que se considera responsable de estos síntomas, aunque no es el único. La contaminación por productos químicos como pinturas, productos de limpieza, tintas de impresora, así como la proveniente del exterior como resultado del tráfico intenso; la contaminación biológica proveniente de bacterias, microbios y sobre todo hongos que pueden proliferar en los lugares peor ventilados; niveles de ruido intensos y una mala acústica; una luz insuficiente o inadecuada así como la falta de luz natural, una temperatura superior o inferior a la adecuada, sillas poco ergonómicas y posturas que se prolongan durante demasiadas horas seguidas…

Se trata de un problema difícil de concretar, ya que tanto las causas como los síntomas son poco específicos. Por eso, en algunos países como Reino Unido, las autoridades sanitarias piden a los trabajadores que crean sufrirlo que consulten con sus compañeros de oficina para comprobar si también ellos lo padecen.

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Qué deben hacer las empresas

En caso de que sea así, recomiendan a las empresas tomar las siguientes medidas para investigar y atajar un posible caso de síndrome del edificio enfermo.

  1. Hacer una encuesta entre los empleados para averiguar qué síntomas son los que se están dando más de lo normal, lo cual puede ayudar a identificar y solucionar la causa (mejorar la iluminación, ajustar mejor la temperatura…).

  2. Hacer una revisión general de la limpieza del edificio, haciendo especial hincapié en los aparatos que se utilizan. Una aspiradora que no funciona correctamente puede ser clave en el problema.

  3. Asegurarse de que los materiales de limpieza se utilizan y almacenan correctamente.

  4. Hacer una comprobación de los sistemas de calefacción, aire acondicionado y ventilación.

  5. Inspeccionar especialmente los filtros de aire, humidificadores y torres de refrigeración. Según las recomendaciones del ministerio de sanidad británico, en el interior de las oficinas debería mantenerse un porcentaje de humedad de entre el 40 y el 70%.

  6. Repasar y actualizar si hace falta los programas de mantenimiento de la oficina, y asegurarse de que se cumplen correctamente.

En definitiva, y ya que la vuelta al trabajo y la oficina es para muchos inevitable, que se produzca en la mejor situación para no afectar a nuestro bienestar.

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La noticia La vuelta al trabajo puede ser más dura por culpa del síndrome del edificio enfermo fue publicada originalmente en Vitónica por Rocío Pérez .

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